lunes, 28 de septiembre de 2015

Los hijos de la lepra


El hospital Baldomero Sommer funcionó como el último leprosario del país. Actualmente la enfermedad tiene un tratamiento efectivo y el aislamiento no es necesario pero cientos de personas continúan allí y relatan cómo es vivir en un pueblo creado para enfermos que sufrió, entre muchos atropellos, violación a los derechos humanos.
Por Soledad Fernandez y Mailen Fox

General Rodriguez, ruta 24 a la altura del km 23 y medio, un cartel anuncia el desvío. Son alrededor de diez minutos hasta la entrada. La primera postal, de las que no pueden faltar: el encuadre permite incluir los dos primeros cordones que componen el acceso, el obturador captura la silueta de la primera de una serie de construcciones idénticas típicas de los años 40.
Los muros que antiguamente discriminaban los “sanos” de los “enfermos”, actualmente son parte de la fachada pero esconden en sus paredes la violencia que sufrieron  bebés que ni bien nacían eran judicializados e internados en “La Colonia Mi Esperanza”. Por el bien de la “salud pública” los hijos de los enfermos del mal de Hansen, más conocido como lepra, eran separados de sus padres y criados en Isidro Casanova. Barbara Bertolini que hasta los años 70´ vivió en el Barrio San Alberto, Isidro Casanova, donde funcionaba la Colonia, conoce muy bien como era para el afuera la existencia de “Mi Esperanza” porque su madre enseñaba a los niños y niñas internados. Ambas visitaban una vez a la semana la colonia y relatan: “Teníamos que cruzar las vías, era el fin de mundo, y este lado de la vía era muy distinto al otro, ellos estaban encerrados. Por estas cosas del prejuicio mi mamá por las dudas siempre decía no andemos diciendo por ahí que te dejo jugando allá. Nadie cruzaba para el otro lado”.
La ley de Aberstury dictaminaba en su artículo 16º que: “Todo hijo no leproso deberá ser aislado de sus padres leprosos cuando la enfermedad de estos comporte amenaza de contagio”. Además en su artículo 18º: “Los hijos recién nacidos de leprosos podrán ser colocados en cunas o asilos comunes bajo observación insistente y prolongado”.
La mayoría de aquellos niños y niñas que fueron criados allí denuncian la violación sistemática de los derechos humanos por parte de quienes eran responsables de la gestión de “Mi Esperanza”, desde su advenimiento, con su creación en el año 1939, pero específicamente quienes crecieron allí y hoy viven para contarlo aseguran que fue desde los ´70 hasta el año 83, cuando finalmente se modificó la ley que regulaba el modo de vida de los enfermos de lepra. "Todos los que pasaron por Mi Esperanza quedaron traumados, como le pasa a la gente que fue a la guerra", asegura Juan Portillo cuando relata que su padre vivió allí y es uno de los testimonios vivos de ese atropello.
Vivir aislados
En el año 1926 fue sancionada la ley de Aberastury que obligaba a los enfermos de Lepra al aislamiento y tratamiento de la enfermedad en asilos y colonias específicas. Para este fin se crearon cinco colonias en todo el país, en Entre Ríos, Misiones, Córdoba, Chaco y Buenos Aires.
El Hospital Doctor Baldomero Sommer fue creado en 1941 con el objetivo de aislar a los enfermos de lepra, actualmente funciona como un Hospital de alta complejidad destinado a la rehabilitación y cuidados paliativos. Allí se edificó un barrio que replicaba el afuera con todas las instituciones necesarias para asegurar la reproducción de una sociedad que de a poco fue diagramando una ciudad autosuficiente. Fundada en el aislamiento y el encierro la comunidad instituyó sus autoridades, su propio sistema de creencias, y también sus jefes de policía y curas, la discriminación y la estigmatización siempre fueron referencias marcadas a fuego del afuera. Recién en el año 1983 se deroga la ley 11.359 de profilaxis de la lepra y su modificatoria 11.410.


La primera sensación que genera hoy en día atravesar los ingresos a esta gran institución única es ambivalente, por un lado se siente ese gusto a pintoresco que ven “los ciudadanos de la gran ciudad” cuando contemplan la marginalidad de conurbano profundo; por otro, la perversidad de lo que Michel Foucault elaboró a través del concepto del panóptico.


Los vericuetos de la historia de este gigante de la medicina incluyen tanto los rumores de que Ernesto Che Guevara hizo sus prácticas allí en los años 50´, como las huellas de perversidad a la que puede llegar el cuerpo médico por “preservar la salud pública”.
Debido a las diferentes políticas socio sanitarias que se fueron desarrollando desde los dispositivos estatales, entre ellos el hospital, durante los últimos 30 años cambió radicalmente el tratamiento, el diagnóstico y la información disponible sobre la enfermedad. Fernando Gatti, es dermatólogo especialista en el tema y fue becario en el Sommer,explica: “A partir de los 80, con el advenimiento de nuevas drogas combinadas el tratamiento comenzó a ser mucho más eficiente, entonces fue perdiendo sentido lo que serían los sanatorios colonias, y menos aún las colonias donde iban los hijos de los enfermos”.
Ese proceso fue complejo y la sociedad que se conformó en el Hospital lleva sus marcas. “Hoy el sanatorio Sommer es un sanatorio de crónicos, de viejos enfermos de la época de la prehistoria que no han recibido el tratamiento oportuno o un sitio donde se tratan otras enfermedades crónicas”, afirma Gatti. Una de las huellas se expresa en la realidad de los jóvenes que hoy intentan reconstruir el pasado de sus familias, cómo llegaron al hospital, cómo vivían y cómo crecieron allí. Los mitos y las leyendas se convierten elementos propicios para dilucidar aquella realidad, mitos y leyendas que pueden ser comprobados y elaborados colectivamente para consolidar la identidad de una comunidad.
En la actualidad una de las marcas que se repite en los testimonios de los jóvenes que viven en los barrios del Sommer es la que afirma que en “Mi Esperanza”, quienes son hoy sus padres, vecinos o tíos, eran sometidos a prácticas brutales, obligados a cumplir una disciplina tortuosa que sobrepasa cualquier umbral de tolerancia que se pueda identificar en una época, y se repite una y otra vez el rumor de que allí hubo bebés desaparecidos. La gestión al frente de la colonia hasta el 83 fue el Patronato de Enfermos de la Lepra donde participaban monjas de la Congregación de Franciscanas. “Se morían los bebés allá, nadie sabía si sus hijos seguían vivos o muertos…Unos se enfermaban, otros se ahogaban con la leche y se morían”, afirma Ramona Alegre, residente del barrio Sommer, testimonio vivo de lo sucedido en Colonia. RamonaDSC_0007 (1).jpg
Las palabras de Portillo ofician de punta de lanza cuando relata una de las historias que se conocen en el barrio acerca de una familia destruida luego del paso por “Mi Esperanza”:  “tuvieron dos hijos que desaparecieron y murieron ahí adentro cuando eran chicos y nunca le dieron los cuerpos, ellos no los pudieron velar, fueron al cementerio y nada. Supuestamente dentro del cajón no están los cuerpos.”
Cuando uno indaga acerca del funcionamiento del Patronato, la primer referencia que se obtiene es su fundadora en los años 30: Señora Hersilia Casares de Blaquier. En términos cronológicos, desde sus inicios, las esposas de distintos miembros de las Fuerzas Armadas Argentinas son las “damas de beneficencia” que dan vida a esta institución y la sostienen económicamente. La lepra era una enfermedad extendida y los militares la fuente de financiación preponderante.
 La periodista de investigación Leyla Guerriero en un documento en el que analiza cómo fue la vida dentro del Hospital dice: “No había peor noticia en el Sommer que un embarazo. Porque, apenas se deslizaban los hijos fuera de esos vientres, eran cargados a una ambulancia y trasladados a un hogar de monjas llamado Colonia Mi Esperanza, en el conurbano bonaerense. Y, mientras sus madres recién paridas se resignaban a saber que visitarían a sus críos, sin nunca poder tocarlos, dos o tres veces por año, sus críos empezaban a vivir, en Mi Esperanza, el primer día de una vida que los tendría, allí hasta la mayoría de edad. Y eso fue así durante mucho tiempo. Eso fue así hasta 1983”.


Pasado presente
Otra fotografía que que se graba en la retina de quienes visitan el Hospital es la de los jóvenes que al igual que en cualquier contexto, son quienes motorizan los cambios, la crítica y la revisión. Puede ocurrir que sea la tarea que le asignan los mayores o que cualquier disparador sirva para que la búsqueda se instale como una necesidad colectiva. Los jóvenes del Sommer participan del programa provincial “Jóvenes y Memoria”, el año pasado llevaron adelante la producción de un material audiovisual que relató la historia de la “Colonia Mi Esperanza”. “Nosotros sabíamos la discriminación que había hacia los leprosos. También sabemos que eso era antes, ahora ya no hay tanta discriminación. En una parte del video que hicimos se trató de eso, como era vista la gente acá y afuera. Y la otra parte es sobre los chicos que se llevaban a Colonia Mi Esperanza, era muy triste lo que pasaba ahí, hay gente que quedó muy traumada” narra Juan Portillo, que conoce bien la historia porque su papá se crió en la colonia. Junto a Portillo está Walter Lalanda, ambos tienen 19 y 21 años, respectivamente. Los dos formaron parte del material que busca indagar sobre el pasado de su comunidad desde el presente, con las preguntas que necesitaban hacer a su contexto, porque si bien se trata de una historia “lejana” sus padres, vecinos, tíos, amigos o conocidos, fueron esos niños y niñas que debieron criarse en un contexto de encierro, con la oportunidad de visitar el Hospital y a sus familias una vez al año.
Para armar su historia decidieron salir a buscar testimonios, al respecto Lalanda decía: “Buscábamos gente que sea de acá del Sommer y que haya estado en Colonia Mi Esperanza también. Pudimos conocer Colonia hoy, y está todo arruinado. Al principio no nos dejaban entrar, pero después entramos y vimos el lugar. Parece una cárcel abandonada” y Portillo agrega, “A la directora del lugar le dijimos la información que teníamos y que sabíamos que la gente de Mi Esperanza dice que ahí los torturaban, que no se podía vivir. Y la directora nos dijo que era todo mentira, que los trataban bien, lo pintó todo color de rosas y la gente que estuvo ahí nos dijo la verdad. Que ahí te torturaban, te cagabas de hambre, no podías hacer nada, no te dejaban salir y no tenias vida”. Ambos confirman que los maltratos y atropellos que sufrían los niños provenían de las monjas Franciscanas encargadas del funcionamiento y la atención de Colonia Mi Esperanza, según los testimonios que recogieron los jóvenes las monjas eran violentas y trataban brutalmente a los chicos, “Había una celadora brasilera que se llamaba Cándida, esa era terrible, no le importaba nada, agarraba a los pibes y los cagaba a palos. Nosotros tuvimos una entrevista donde nos contaron que ponían a los nenes en el baño, ella agarraba una toalla mojada y los cagaba a palos, y después les pateaba la cabeza”.DSC_0045.jpg
Algo de todo eso que les contaron sus padres, sus vecinos, amigos o conocidos hizo eco. Hoy se preparan para realizar la segunda parte de la investigación, ahora quieren ir más a fondo y buscar los responsables de la violación a los derechos humanos que era moneda corriente en la colonia. “La segunda parte del video la pensamos para hablar de los chicos que murieron o desaparecieron en Colonia Mi Esperanza. Hay historias que nosotros sabemos y que no pusimos en el primer video. Por ejemplo la de mi vecino y su mujer, que tuvieron dos hijos que desaparecieron y murieron ahí adentro cuando eran chicos y nunca les dieron los cuerpos, ellos no los pudieron velar, fueron al cementerio y nada y supuestamente adentro del cajón no están los cuerpos.” sentencia Lalanda y agrega “El padre de Javier nos dio un registro de todos los pibes desaparecidos o muertos.  Pero en el registro no pusieron la causa de la muerte, ni el por qué. Están los nombres y los apellidos y nada más. Hay como 30 o 40 nombres en la lista, pero no sabemos la causa por la que murieron y queremos investigarlo.”
La fotografía de Ramona Alegre es una muy acogedora, como casi todos los días espera a la médica de la salita ubicada en el frente de su casa, lo hace parada en la puerta, mirando por la diagonal que recorre todos los días para ir y volver de su casa.  Tiene 75 años, aunque confiesa que en realidad son 76 pero que sus padres la anotaron un año después, aunque elige respetar lo que dice su DNI y aclararlo si es necesario.  Se vino hace más de 25 años de Misiones porque le diagnosticaron el mal de Hansen.DSC_0056.jpg
Relata que alguna vez quiso volverse definitivamente a su casa, pero volvió y ya no quedaba nada de lo que había tenido allí, como en el Hospital estaba tranquila prefirió quedarse y plantar su hogar. Saluda a todos y cada uno de los vecinos que pasan por su puerta. Tiene más de un comentario de todo lo que sucede en el barrio “Madre de la Cruz”, uno de los tres barrios que conforman el universo del Hospital Baldomero Sommer. Ramona conoce a muchas de las personas que vivieron en Colonia Mi Esperanza, entre ellos su vecina y amiga. “Ella cuenta cosas terribles de ahí,  las cosas que hacían las monjas, eran muy crueles, les hacían cosas muy feas”, dice y afirma que lo sucedido en “Mi Esperanza” es un tema que todos conocen profundamente en el Sommer, “Se morían los bebés allá, nadie sabía si sus hijos seguían vivos o muertos. Porque acá las mujeres tenían familia y ni les dejaban tocar a los bebés, se los llevaban. Todos los que vivieron ahí te cuentan que ni bien dabas a luz te separaban de tu niño y ya no sabías que podía pasar”. Ramona cuenta la historia y la revive como si sucediera hoy, habla acongojada de la situación que le tocó vivir de cerca con amigos y vecinos “Acá en el Sommer estábamos los enfermos nada más. Los chicos de un lado y los padres de otro”. Muchos de esos chicos migraron de Rodriguez, Ramona sigue en contacto con algunos que de vez en vez la visitan, entre ellos destaca a un amigo trans con quien se junta una vez a la semana a tomar mates: “Fue muy complicado para los chicos que vivieron en Mi Esperanza reacomodarse, era difícil por el hecho de que ellos no tenían ningún papel que contará que ellos estuvieron allí, sólo tenían el del colegio, algunos. Y además cuentan cosas muy feas, les pegaban, los trataban muy mal. Muchos no encontraron qué hacer y se fueron, no sé a dónde. Andá a saber qué fue de la vida de esos chicos.”
...

Tras haber efectuado pedidos de información en el marco de la ley de acceso a la información pública al Episcopado, al Ministerio de Salud Nacional y haber intentado acceder a quienes sostienen en la actualidad las migajas de lo que fue el Patronato de Leprosos, resultó imposible comprobar  las sospechas que brindan nuestros testimonios respecto de lo sucedido con los niños internados en Colonia Mi Esperanza, en el período que va desde 1970 hasta 1983. La investigación continúa y el interrogante sobre las desapariciones y muertes siguen vigentes, en la memoria y en la acción de padres e hijos de la lepra.

Whisky time


Con aumento continuado en producción el destilado más famoso en el mundo es cada vez más consumido por jóvenes en nuestro país. Hombres y mujeres de apenas 30 años comparten en la actualidad la misma pasión.  

Por Soledad Fernandez  


whisky en las rocas



Aguardiente obtenido de la destilación especial de mostos fermentados de cereales, añejado, madurado, en recipientes de roble o de otra madera adecuada”. Así define  el Código Alimentario Argentino al whisky. Lo cierto es que esta bebida espirituosa, consumida antaño por abuelos y padres en anchos vasos de vidrio y con sus hielos pertinentes, viene pisando fuerte en Argentina por su consumo y su nuevo público cautivo: los jóvenes.
Un informe presentado por la Secretaría de Agricultura Ganadería y Pesca afirma que la producción de whisky nacional viene protagonizando desde 2009 períodos de gran crecimiento, así lo demuestran las cifras presentadas por la Cámara Argentina de destiladores licoristas que indican una producción sostenida de 8.000 a 10.000 mil litros por año. Algo similar sostiene el último escrito del International Wine and Spirts, que agrega que en el período que va de 2004 a 2014 “hubo una evolución continuada de la categoría whisky en argentina, tanto en producción, como en consumo”.
En efecto, el sitio de internet El Club del Whisky, un portal en español dedicado al whisky, publicó una nota en su magazine digital en donde asegura que el mercado de whiskies alcanza hoy en el país un volumen de 11.250.000 litros anuales. Según describe en su texto, “esto se debe a un cambio en el paladar del consumidor, es más sofisticado y busca un mayor acercamiento a las categorías de elite”.
 Juan Manuel Gomez, Brand Manager de Pernord Ricard -la firma que posee el 51 por ciento de la participación del mercado en whiskys del país con sus líneas Chivas Regal, Jameson y Ballantines- dijo al respecto: “Lo que más crece en Argentina es el consumo de importados, sobre todo los de segmento de precio alto”. Y agrega: “El aumento para la categoría de súper premium, que son whiskies añejados de más de 12 años, fue del 16 por ciento, gran parte de ese crecimiento fue apalancado por la marca Chivas Regal, líder del segmento, con una participación del 61 por ciento del mercado, según la auditoría realizada por la consultora The Nielsen Company en 2015”. 
Al igual que Perord Ricard, las marcas premium como Jack Daniels de Bodegas Campari, o Tres Blasones, coinciden en  afirmar que este crecimiento se debe, en parte, a que cada vez son más los consumidores jóvenes que se inician en el mundo whisky, ya sea a través de su consumo tradicional,     –solo, con agua o hielo- o en cocktails. El último reporte international de Wine & Spirits Report, difundido en Buenos Aires, realizó una proyección a tres años en la que se espera que los jóvenes entre 22 y 28 años se acerquen a la categoría whisky desde el consumo mixeado con Coca Cola, como sustituto del aperitivo Fernet. “El consumidor joven argentino cada vez conoce más, valora el whisky y está dispuesto a probar cosas nuevas”, concluye Lujan Enrich, Jefa de Prensa de Jack Daniels.
El aumento de seguidores jóvenes en el universo de los destilados se suma a la denominada “cultura gourmet” que se evidencia dentro del segmento, en donde se privilegia el consumo en gastronomía y coctelería de calidad, valor agregado y prestigio. Por ese motivo las bodegas de las marcas líderes dirigen sus campañas a jovenes decididos a pagar más por algo mejor. En degustaciones privadas, en eventos de música o moda, en cartas de tragos altos de las principales barras del país, o desde la pauta comercial con presencia en las revistas Rolling Stone, Brando o Bacanal, los whiskies premium intentan arribar a un público joven, de nivel socioeconómico abc1.
“Es imposible negar el crecimiento del whisky en las barras, la publicidad y la oferta de las marcas ha colaborado mucho, así como la cantidad de bartenders preparados que ayudan a difundirlo”. La información la brinda Adrian “Champi” Cabral, un prolijo barman de delantal y corbata que prepara minuciosamente un trago con Jameson en la coqueta barra de Eter Bar Club. “Los jóvenes están consumiendo whisky y todo tipo de espirituosas y cócteles, gracias a las buenas barras que pueden encontrarse en nuestro país y a los grandes profesionales que las atienden. Además, hubo un cambio en la gente que consume tragos, ahora están dispuestos a pagar un poco más caro por un trago bien hecho, por una bebida buena, de calidad”, sentencia.
A la hora de elegir cuál es el whisky más consumido por los jóvenes, Cabral no duda: “Por accesibilidad y disponibilidad  el whisky Americano es el más pedido”. Su afirmación es correcta, Jameson y Ballantines son dos de las marcas de whiskies de Argentina con perfil de consumidores más jóvenes. El 46% y 52% respectivamente, están entre 18 y 24 años, según un estudio realizado por TGI en diciembre de 2014.
“Hace 3 años que elijo el whisky como mi bebida de preferencia. Nunca hay una botella igual que otra. Es una bebida muy noble que no te deja resaca, ni malestar, tiene un sabor inigualable y puedo disfrutarlo en casa, en una previa o en un bar con amigos, como ahora”, dice Franco Donati, un joven de 29 años que disfruta un trago largo de Jameson con Ginger Ale. A su testimonio se suma el de su amigo Santiago Oliva, quien afirma que rara vez toma whisky en un bar pero si lo hace en su casa que es el lugar en el que elige compartir con sus invitados una buena y rica bebida y agrega: “Tengo una colección que fui armando y que es motivo de orgullo para mí, me gusta compartirla mientras converso con amigos que también disfrutan conmigo.”  
Este parece ser es el inicio del iceberg. La tendencia del whisky entre los jóvenes argentinos sigue en ascenso y recorre todo el mundo. Basta observar lo que sucede en otros mercados, como por ejemplo en Estados Unidos, dónde el whisky se volvió la bebida cool entre los jóvenes y está presente y activo en exitosas series de televisión como “Mad Men” o “Suits”. Infinidad de celebrities se declaran fanáticos del whisky como las populares cantantes Lady Gaga y Rihanna. Todo en concordancia con el auge de la coctelería a nivel mundial, que ayudó a posicionar al whisky en un lugar central para los consumidores más jóvenes que percibe al destilado con nuevos ojos y, sobre todo, con un paladar dispuesto a disfrutar de un buen whisky en las rocas.

Comida itinerante


El catering ambulante que es tendencia en el mundo se impone en Buenos Aires con propuestas gastronómicas diferenciales, mientras aguarda una legislación que le permita circular con libertad. 

Por Soledad Fernandez

Trompo Truck - Compañia de Shawarmas


La moda importada de food tracks que se impone en el mundo es cada vez más habitual en nuestro país. En tráilers, carros, remolques o pequeñas camionetas, las propuestas gastronómicas son variadas y diversas. Desde comida gourmet, cocina de autor o fast food, los trucks se han vuelto masivos y populares. Funcionan en ferias y eventos privados a la espera de que se regule en la ciudad de Buenos Aires una ley que les permita avanzar con un circuito de trucks en la vía pública y poder salir a recorrer libremente las calles porteñas.
La historia más lejana de los food trucks relata que este movimiento comenzó dentro de las bases militares de Reino Unido, durante la segunda Guerra Mundial. El alimento para los soldados era trasladado en camiones desmontables que se movilizaban según la necesidad y la ubicación de la tropa. La historia más cercana proviene de las calles de Nueva York, Londres y Paris, ciudades reconocidas como las primeras en atreverse a descubrir y dar a conocer este fenómeno gastronómico itinerante. 
A nivel local el antecedente más próximo son los carritos de la costanera, que ofrecen una propuesta muy limitada en movilidad -con carros fijos, amurados a la vereda- y en variedad, con menú reducido de bondiolas, chorizos y hamburguesas al paso. A diferencia de los puestos callejeros costeros, los food trucks desarrollan propuestas elaboradas de chefs calificados que decidieron salir a rodar con sus emprendimientos gastronómicos y su comida gourmet. Reconocidos como pioneros y más populares en la actualidad existen Nómade, Morfa, Bon Bouquet y Hollywood Dogs, que funcionaron como inspiración para otros emprendedores. Tal es el caso de la chef Mariana Oliva Pereyra, dueña y creadora de Trompo Truck, quien se dedicó por años a la gastronomía de manera independiente y el año pasado, junto con su socia y amiga Carolina Bozic, decidieron impulsar la compra de un tráiler para lookearlo y ponerlo en marcha.
“Tener un food truck es un desafío, es una propuesta pintoresca, divertida y cool”, afirma la cocinera y agrega: “Se trabaja mucho en la logística, cocinás sobre ruedas, moviendo tu cocina por avenidas y caminos. Tenés que prever todo, luz, agua, gas y repuestos de todo tipo”. Además del truck, Oliva Pereyra es dueña de Almacén Trompo, un take away ubicado en el barrio de Devoto. En casi un año de sumar experiencias con su carro la cheff reconoce que para que el proyecto prospere, sea rentable y exitoso se requiere de mucho esfuerzo, tiempo y contactos suficientes para poder dedicarle. “Desde su nacimiento Trompo pudo estar presente en eventos privados relevantes como el Abierto Argentino de Polo o el Festival Music Wins, pero para que funcione y siga existiendo es necesario poder salir por la ciudad sin tener que pagar comisiones o permisos con costos super excesivos que complican la sustentabilidad”.  
Detrás de la lucha por la regulación de la ley que permita la libre circulación de los carritos por la ciudad está la Asociación Argentina de Food Trucks (AAFT), organización que preside Ernesto Lanusse, hijo de la cocinera Dolli Irigoyen y dueño del truck Nómade. Lanusse reunió en la asociación a varios dueños de trailers gastronómicos para pedir en conjunto la aprobación de la norma, que aún espera ser aprobada, por parte del Jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri.
“Sacar los trucks a la calle representa un cambio de paradigma en lo que a servicios y alimentación respecta. Desmitificar la comida de calle, dejar de asociarla solamente con lo económico, y acercarse más a lo saludable, estacional y casero, sobre todas las cosas, es la clave del éxito”, sentencia Oliva Pereyra. Y agrega que cada vez son más los proyectos gastronómicos que quieren empujar y contagiar lo necesario para que se incorpore esta tendencia en el país, y  no tener que viajar miles de kilómetros para disfrutar de comer comida callejera, rica, saludable y de calidad.




viernes, 15 de mayo de 2015

EL DESPERTAR DE LA FUERZA


En el Hipódromo Argentino de Palermo y con más de diez mil corredores se realizó la segunda edición de la Star Wars Run

Por Maria Soledad Fernandez

La escena resulta cinematográfica: personajes caracterizados chocan sus sables luminosos y en posición de guerreros posan para las fotos. Arturito gira en círculos arriba del escenario, mientras la princesa Leia sonríe y un Chewbacca acalorado fuerza una pelea frente a un inamovible Darth Vader. Las luces encandilan, la inconfundible música suena a todo volumen, el actor Sebastian De Caro presenta el show y arenga con frases conocidas por todos. Las imágenes en la pantalla desenfrenan más a los fanáticos de una de las sagas más famosas del mundo. Una sola cosa divide a esas seis mil personas: remeras coloradas “Del lado de la oscuridad”, remeras azules “Del lado de la luz”. Una sola cosa las une: Todos tienen zapatillas.
El cartel de largada tendrá puntualmente encendidas las luces a las 19, hora en que fueron citados al Hipódromo Argentino de Palermo aquellos fanáticos y amantes de la saga “La Guerra de las galaxias”. Dispuestos y preparados para correr los 7 kilómetros de la “Star Wars Run”,  una carrera nocturna  que conmemora en nuestro país el festejo del lanzamiento del episodio número siete en todo el mundo.
El año pasado, a De Caro lo llevó a la pista su conocido fanatismo por las películas de George Lucas, por un lado, y su nueva pasión por correr, por el otro. Una pasión que se despertó como una nueva fuerza a sus 38 años, cuando cansado de los golpes que trae el fútbol decidió buscar una actividad que le provocara más placer y menos riesgo. Así, de manera progresiva y rigurosa, fue adaptando el tiempo y la distancia y aprendiendo de “Su maestro Jedi”, un amigo atleta con el que se entrena todos los días recorriendo diferentes postas de la Ciudad de Buenos Aires, y que según él relata, va “conquistando” con cada pisada.
Este año, De Caro es la imagen y la voz que conduce la “Star Wars Run”. Sobre este evento el director dice que es una celebración que conjuga todo lo que tiene que ver con la mitología de La Guerra de las Galaxias, que mezcla un crossover interesante al celebrar la llegada del nuevo film y que es una “película-evento” que asocia el deporte, el arte y la vida sana en una perfecta vehiculización, ligando expansiones que no están vinculadas directamente, asociándolas.
Son las 9 y la pista explota. Desde el escenario De Caro relata el circuito, mientras la marea de corredores se acomoda y espera expectante la largada. Separados milimétricamente por el color de su camiseta, en la pista hay excitación, adrenalina, ansiedad y disfraces. Porque la “Star Wars Run” tiene a los fanáticos más rigurosos dispuestos a correr disfrazados de Anakin Skywalker o de Padawan, según la ocasión -o la fuerza- lo amerite.
Algunos personajes esperan en la largada mientras simulan una batalla de sables luminosos. Otros, uniformados de rojo o azul, se mezclan entre los atletas. La gente grita, la pantalla marca 10 y es el puntapié de la cuenta regresiva que De Caro seguirá hasta el 0. Arranca la carrera. Serán 7 kilómetros recorridos en tiempos diversos. Los más apasionados frenan en cada estación que haya un Obi Wan Kenobi subido a una tarima, dispuesto para una foto.
El mejor tiempo marca 23 minutos con 59 segundos. De Caro presenta al ganador junto con cinco atletas más que subirán al escenario para recibir sus medallas de la mano de sus ídolos.     
El espectáculo termina, la gente empieza a dispersarse y antes de bajar del escenario Sebastian De Caro deja la promesa de correr en la próxima edición, acompañando esta nueva fuerza que lo encontró corredor sobre el final de sus 39 años. Antes, a fin de año, queda el objetivo de correr “los 40 a los 40”. Le quedan 7 meses para lograrlo.
¡Que la fuerza lo acompañe!
                               
                                   



miércoles, 5 de noviembre de 2014

“Si uno no se pone metas grandes se transforma en un ser pequeño”



A punto de presentar el segundo disco en el Personal Fest el líder y cantante de La Armada Cósmica relata su historia de vida y cuenta las aventuras de un nuevo artista cósmico.


De gafas negras, gorro cowboy y campera de cuero sale en silencio de la sala en la que ensayó por casi tres horas. Es una noche fascinante para estar al aire libre y aunque la propuesta suene tentadora Daland Gutierrez, líder de la banda La Armada Cósmica, cruza indeciso de una esquina a otra, “Puedo alimentarme sólo con comida chatarra, otra cosa no como, si no engordo”, desliza. Hay que definir donde cenar y el cantante se debate entre Mc Donalds o Subway. Gana la brisa fresca y el sándwich de avena dulce, aunque la hamburguesería tendrá su pequeña revancha cuando una simple con queso al paso resulte un buen tentempié.
Ya acomodados, grabador encendido, habrá una sola pregunta que no debe preguntarse pero que estará presente, como sobrevolando, durante la hora y media que dure la entrevista. Danland Sepum (así se hace llamar), es el hijo de Juanse, ex líder y voz de Ratones Paranoicos. Hablar de eso, advirtió su manager, está vedado. Algo con reconocerse como “hijo de” lo incomoda y Daland prefiere omitir la herencia de su linaje. Quiere entrar en la escena local despegado del estilo “Paranoico” y ha optado por continuar su camino a la fama como alguien autónomo e independiente, quiere hacerse oír en la escena local como un nuevo hijo rebelde del punk, del grunge y del brit-pop. En sus declaraciones a la prensa Daland es algo irreverente, arrogante, vanidoso y por momentos cínico. Pero también es encantador, agradable, afectuoso y agradecido. Todo en igual proporción, “Me encanta pecar de agrandado, disfruto que me digan lo bueno que soy, hay gente que lo oculta, yo no, lo manifiesto sin vergüenza”. Es polémico, o lo intenta. Es a veces un adolescente y a veces un adulto. A sus 21 años vive con sus padres, no fuma, no toma alcohol, “ni ninguna droga pesada”. Eligió eso después de vivir algo rápido y transcurrir un proceso que comenzó a sus catorce años en la capital de las diagonales, “De La Plata me traje muchas sustancias, en todos los aspectos. Me fui con unos amigos y era todo una locura”. Esa experiencia el cantante la recuerda como “algo nostálgica”, porque todo lo que consumía lo llevaba a esa sensación: “Eran las siete de la mañana y era la angustia de lo que había pasado hacía cinco horas atrás”. Vivía con cinco amigos más grandes en el garaje de la abuela de su amigo Francisco “Pancho” De la Canal, (actual líder de Valentín y los Volcanes), durmiendo todos en bolsas de dormir, sin baño, ni comodidades: “Fue la etapa más experimental hard rock que tuve en mi vida”. En La Plata Daland creó su primera formación llamada “Thisparados”, de quiénes decidió separarse un tiempo después cuando se dio cuenta que estaba viviendo una vida a otro “level”: “Un día nos encontramos pasados de rosca mal y nos miramos entre nosotros y nos dimos cuenta que ese no era el lugar apropiado para criaturas adolescentes. Estábamos viviendo como si tuviéramos veinticinco años pero éramos niños, literalmente niños”. A su relato Daland le agrega que volvió a Buenos Aires porque no podía hacer nada, porque ya no había disfrute, “Éramos como piratas que no estábamos preparados para vivir así. Un día nos miramos entre todos y dijimos que si seguíamos así nos íbamos a morir”.
Dos años más tarde de la locura de La Plata, Daland viajó con Pancho De la Canal a Londres, en plena separación de sus padres y en un momento económico “muy difícil” para la familia, logró financiar su estadía cobrando un dinero en SADAIC por una composición que hizo para su viejo, (Juanse), a los doce años y poniendo en venta su guitarra eléctrica. Así, con diecisiete años, logró comprar el pasaje y partir durante tres meses y medio a la capital británica. Ya en Londres se hospedó en una residencia que recuerda como un lugar “horrible” en el que vivió por un tiempo hasta ser rescatado por un amigo hindú, “Tenía 17 años recién cumplidos, estaba en el culo del mundo y me chupaba un huevo todo”, recuerda, “Tocaba temas de Zeppeling para todos los residentes”, hasta que una noche un huésped lituanes intentó violarlo: “Como soy más parecido a mi mamá que a mi papá físicamente, y cuando era chico no era tan consciente de eso, y era muy flaquito y tenía el pelo largo por los hombros, no tenía barba y tenía los ojos muy claros, el chabón de lituania me decía cosas, me decía que tenía lindas piernas y era lo único que sabía decir en ingles”, y continúa su relato: “Una noche fui a hacerme un arroz a la cocina, vino de atrás, me agarró de la mano y me salvé por otro huésped que escuchó mis gritos y vino a amenazarlo apuntándolo con su carabina”. A partir de esa situación Daland se fue a vivir a la casa de su nuevo amigo hindú, “Siempre me particularicé por sacarle plata a las personas”, con quien asegura seguir en contacto por facebook. De la experiencia de Londres se llevo buena música y una nueva perspectiva, “Volví acá y empecé a hacer esa música. Era todo una copia de Oasis, de Artics Monkeys, de los Libertines. “Nosotros tenemos mucho de eso, también tenemos mucho de The Beatles, Oasis, mezclado con Cerati y Nirvana”. Habla de “nosotros” y se refiere a la formación que surgió después de “Thisparados”, se llama “La Armada Cósmica” y es un cuarteto enérgico que crece a la velocidad de la luz, “Estoy cien por ciento seguro de que La Armada Cósmica en cinco años va a estar tocando en algún lugar de Europa”, y agrega: “Como objetivo personal me gustaría cerrar el Glastonbury (uno de los festivales de rock más importantes del mundo), porque algunos pensarán que soy un agrandado, pero yo creo que si uno no se pone metas grandes se transforma en un ser pequeño y si somos todos seres pequeños el mundo se va a la mierda, porque Lennon está muerto, Jesús está muerto, el Dalai Lama se murió. Entonces creo que tiene que haber gente gigante en el mundo”.
El próximo sábado La Armada Cósmica cerrará un gran año, con nuevo video y cd, presentándose en el Personal Fest: “Lo que quería cuando forjé el proyecto de La Armada lo logre hoy en la sala, por primera vez después de mucho tiempo pude reunir a los músicos adecuados para la música que yo invento. Eso es muy difícil porque invento una música que al oído simple parece como una melodía más de los Beatles, mezclada con un poco de guitarras sangrientas a lo Kurt Cobain, pero en realidad no es tan fácil reproducirla como parece escucharla”, reflexiona y agrega: “Hoy la banda tiene a los músicos indicados para el proyecto, fue un largo viaje en donde el único que sobrevivió fue el baterista y co-creador de La Armada, Matias Luque”. En la actualidad Daland es el compositor de todos los temas y asegura que al momento de componer él es su principal referente y “la prueba más difícil de pasar”. Se reconoce como gran compositor y guitarrista, “Hago las dos cosas muy bien”. Además, anticipa que está componiendo música nueva, que solo piensa en canciones y que La Armada es una banda que tiene que escuchar “todo el mundo”.
     Sobre el final, y como no podría ser de otro modo, surgirá la pregunta vedada, Daland es hijo de su padre y es necesario saber porqué elige ocultarlo: “A mí no me jode ser “hijo de”, sólo que no encuentro necesidad en generar el vinculo que pretende la prensa”. Se detiene en su reflexión y con franqueza agrega: “Lo que pasa en realidad es que yo quizás no estoy cien por ciento de acuerdo con las actividades artísticas de mi viejo, entonces si me preguntan acerca de lo que hace estoy en el compromiso de responder  que no me gusta y  ganarme una cara de culo en mi casa, o de responder sin ser sincero respecto de lo que pienso. Ese es básicamente el punto, ¿Entendes?, Es para evitar un problema familiar”.

Por Maria Soledad Fernandez